Cuando la gracia actúa profundamente

 “Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el muchacho, y la despidió.

 Y ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba. Y le faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo de un arbusto, y se fue y se sentó enfrente, a distancia de un tiro de arco; porque decía: No veré cuando el muchacho muera. Y cuando ella se sentó enfrente, el muchacho alzó su voz y lloró. Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está”. Génesis 21:14-17 Recordemos que Agar fue la sierva que tenía Sara y que le dio un hijo a Abraham por petición de ella. Sin embargo, cuando Sara pudo tener a su propio hijo, Isaac, y vio cómo Ismael lo trataba, le pidió a Abraham que la despidiera. Y fue cuando Agar se encontraba sola en el desierto, junto con su hijo sin nada qué comer y nada qué beber. Agar estaba con angustia, con miedo de no saber qué es lo que les iba a suceder. De hecho, vemos que dejó a su hijo bajo un arbusto pues no quería verlo morir. Dios tiene cuidado de Sus hijos y no permitirá que les falte nada ni a ti ni a tus hijos. No tengas miedo y pon tu confianza en Él. Observemos que “ el muchacho alzó su voz y lloró. Y oyó Dios la voz del muchacho ” . Hay una gran promesa que Dios nos ha dado en Su Palabra: “Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada”. Salmos 68:5

En el momento en que Abraham despidió a Agar y a su hijo Ismael, se convirtieron en viuda y huérfano. Para Dios un huérfano es alguien que no cuenta con su padre o su madre. No es sólo que se haya muerto alguno de los dos, sino que no está al pendiente de él. Y una viuda es lo mismo, no es solamente que se haya muerto su marido, sino que es una mujer sola o abandonada. Dios entra en acción y funge como nuestro Padre o como nuestro Marido. Cuando Dios escuchó el llanto de Ismael, de inmediato actuó. El ángel de Jehová, quien es Jesucristo, acudió a ella y le dijo: “ No temas ” . Pero no sólo eso, le dio una gran promesa y le dio la salida. “Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una gran nación. Entonces Dios le abrió los ojos, y vio una fuente de agua; y fue y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho. Y Dios estaba con el muchacho; y creció, y habitó en el desierto, y fue tirador de arco”. Gé nesis 21:18-20 Dios no abandonó ni al muchacho ni a su madre. ¿Crees que Dios te va a abandonar a ti y a tus hijos? Ten por seguro que no.

 

 

 

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